¿Qué es la eficiencia energética?

El concepto tradicional de eficiencia energética utilizado por la industria se refería a la relación entre la producción de un bien o servicio o energía y el gasto de energía consumida en el proceso. Sin embargo, este concepto técnico ha evolucionado o se ha ampliado más, entendiéndose la eficiencia energética como la práctica de implantación de medidas para obtener una determinada producción de un bien o un servicio con menor consumo de energía. En el caso de aplicaciones energéticas en edificios la eficiencia energética consistiría en el mantenimiento de un nivel de confort con un menor consumo de energía.

La aplicación de medidas de eficiencia energética debe suponer, por tanto, un menor consumo de energía.

¿Por qué la eficiencia energética?

El impacto de la eficiencia energética se puede enfocar desde una perspectiva global a nivel mundial o desde una perspectiva individual a nivel de consumidor final.

Desde un punto de vista global, el consumo de energía a nivel mundial crece cada año, principalmente por los países en desarrollo. Este mayor consumo tiene un creciente impacto en la emisión de gases de efecto invernadero y por tanto en el cambio climático.

La concentración de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera ha aumentado de 280 ppm (partes por millón) desde el comienzo de la Revolución Industrial hasta la barrera simbólica de 400 ppm en marzo de 2015, y la temperatura se ha incrementado en 0,6º desde entonces hasta ahora según la Organización Meteorológica Mundial (OMM). Se espera que, de seguir igual el índice de emisiones de gases de efecto invernadero, en cincuenta años sea de 450 ppm.

El creciente consumo energético y las previsiones basadas en los consumos actuales crean la necesidad de aplicar medidas de eficiencia energética para cambiar esta tendencia.

A pesar de las enormes inversiones realizadas en energías renovables, aún se queman cada año muchos millones de toneladas de combustibles fósiles para generar energía. A causa de las ineficiencias que se producen, desde la captación de las diversas fuentes de energía hasta su consumo, grandes cantidades de dióxido de carbono se emiten a la atmósfera sin necesidad, contribuyendo así al calentamiento global.

Al enfrentarnos a la urgencia del cambio climático, nuestra mayor oportunidad de reducir de forma importante las emisiones es utilizar la energía más eficientemente. Hay estimaciones que sugieren que las mejoras en eficiencia energética podrían lograr la mitad de la reducción de emisiones necesaria para retrasar el calentamiento global en los próximos 25 años. Pero además, el uso más eficiente de estos valiosos recursos hará que duren más tiempo y ahorrará dinero.

Las diferencias en eficiencia energética que se producen actualmente entre diferentes países nos dan una idea de lo que es posible lograr con las tecnologías actuales. Las economías más eficientes generan mucho más producto interior bruto con la misma cantidad de energía que las menos eficientes. Esa diferencia eficiencia energética tiene mucho que ver con la política energética que se sigue y con la normativa que se derivan de ella.

Los objetivos de la política energética de la Unión Europea para el año 2020 son reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 20%, obtener un 20% de la energía de fuentes renovables y mejorar la eficiencia energética en un 20% (objetivos 20/20/20). Para alcanzar dichos objetivos tanto el Parlamento como el Consejo Europeos han aprobado una serie de directivas que sirvan de marco general a los Estados miembros para el desarrollo legislativo nacional de las directrices que caracterizan la política energética.

En el siguiente enlace encontrarás la normativa de desarrollo del Plan de Eficiencia Energética de la Unión Europea.

A nivel de consumidor final de energía, el principal impacto de las medidas de eficiencia energética es la reducción del importe de la factura energética. Dichas medidas pueden implicar una inversión bien por parte del propio consumidor final, bien por una empresa de servicios energéticos que haga una oferta a éste, por lo que la rentabilidad de la inversión es esencial para la implantación de la eficiencia energética. Sólo se acometerán las medidas de eficiencia energética que estén económicamente justificadas con un análisis coste/beneficio.

Existen otras medidas de eficiencia energética que no suponen una inversión sino una optimización en la contratación del suministro o una modificación en el perfil de consumo de energía, si esto último fuera posible. Son estas medidas las primeras que se deben adoptar antes de realizar cualquier inversión.

La inversión en medidas de eficiencia puede realizarse aprovechando la oportunidad del momento de la modificación o sustitución de determinados equipos o, en el caso de un edificio, la reforma integral o parcial del mismo. Las inversiones en estos momentos de oportunidad salen más rentables que las que se realizan “ex profeso”.

En definitiva, las dos principales razones de la eficiencia energética son, desde una perspectiva global, la reducción del impacto de los gases de efecto invernadero en el cambio climático, y desde una perspectiva individual la reducción de costes en la factura energética.

La eficiencia económica en la eficiencia energética

Aunque la Unión Europea ha desarrollado una normativa de eficiencia energética publicando una serie de Directivas que exigen cumplir unos requisitos mínimos de eficiencia energética en objetivos nacionales, edificios o productos, la actuación de los consumidores finales de la energía debe ir más allá de los requisitos mínimos que establece dicha normativa y deben de plantearse la eficiencia energética y la utilización de energías renovables en aquellos casos en que sea económicamente rentable. La cuestión clave es precisamente la rentabilidad de las inversiones en eficiencia energética y energías renovables. Dichas inversiones deben ser rentables por sí mismas y no se puede seguir promoviendo su realización con primas y subvenciones, como ha ocurrido hasta ahora en la mayoría de los países europeos.

Para alcanzar la rentabilidad se debe, primero, optimizar el suministro de energía y posteriormente hacer un uso eficiente de la misma.

Para la optimización del suministro se debe ajustar la potencia de los equipos a utilizar con las mejores condiciones de uso que se puedan adaptar a las necesidades del consumidor. La eficiencia en el uso final de la energía significa conseguir los mejores rendimientos en la utilización de la misma.

La optimización y eficiencia técnicas son muy importantes, pero la rentabilidad de la inversión debe ser suficiente. Para ello es esencial realizar un análisis coste/beneficio de las inversiones durante el ciclo de vida de los equipos (vida útil).

Este análisis coste/beneficio es la herramienta que nos permitirá optimizar la inversión y que la eficiencia de la misma no sólo sea energética sino que también sea económica. Sólo en estos casos los consumidores se movilizarán a favor de la eficiencia energética y contribuirán a reducir las emisiones de CO2 y su impacto en el cambio climático.